Los principios básicos de la
escuela Moderna
1. La educación de la infancia
debe fundamentarse sobre una base científica y racional; en consecuencia, es
preciso separar de ella toda noción mística o sobrenatural.
2. La instrucción es parte de
esta educación. La instrucción debe comprender también, junto a la formación de
la inteligencia, el desarrollo del carácter, la cultura de la voluntad, la
preparación de un ser moral y físico bien equilibrado, cuyas facultades estén
asociadas y elevadas a su máximo de potencia.
3. La educación moral, mucho
menos teórica que práctica, debe resultar principalmente del ejemplo y apoyarse
sobre la gran ley natural de la solidaridad.
4. Es necesario, sobre todo en la
enseñanza de la primera infancia, que los programas y los métodos estén
adaptados lo más posible a la psicología del niño, lo que casi no sucede en
ninguna parte, ni en la enseñanza pública ni en la privada.
5. El propósito de la enseñanza
es que los niños de ambos sexos tengan idéntica educación; que por semejante
manera desenvuelvan la inteligencia, purifiquen el corazón y templen sus
voluntades; que la humanidad femenina y masculina se compenetren, desde la
infancia, llegando a ser la mujer, no de nombre, sino en realidad de verdad, la
compañera del hombre.
6. La coeducación de pobres y
ricos, que pone en contacto unos con otros en la inocente igualdad de la
infancia, por medio de la sistemática igualdad de la escuela racional, esa es
la escuela, buena, necesaria y reparadora.
7. Establecer la protección e
instrucción higiénica en las escuelas. No se necesitan palacios relumbrantes;
para difundir la instrucción bastan salas amplias, de luz abundante y aire
puro, donde los escolares estén protegidos.
8. El juego es indispensable a
los niños. Por lo que mira a su constitución, salud y desarrollo físico, todo
el mundo estará conforme; pero acontece que únicamente para la atención en la
cantidad de desarrollo físico que producen los juegos.
9. Es de vital importancia la
preparación de los maestros y una vida y sueldo digno para ellos. El verdadero
educador es el que, contra sus propias ideas y sus voluntades, puede defender
al niño, apelando en mayor grado a las energías propias del mismo niño.
10. La escuela debe renovarse
para renovar la sociedad, una sociedad que repruebe los convencionalismos, las
crueldades, los artificios y las mentiras que sirven de base a la sociedad moderna.
11. Partiendo de una educación en
solidaridad y de la igualdad, no hay que crear una desigualdad nueva, y, por
tanto, en la Escuela Moderna no hay premios, ni castigos, ni exámenes en que
hubiera alumnos ensoberbecidos con la nota de sobresaliente, medianías que se
conformaran con la vulgarísima nota de aprobados ni infelices que sufrieran el
oprobio de verse despreciados por incapaces.
12. Los niños y las niñas deben
tener vitalidad cerebral propia, a fin de que cuando se emancipen de su
racional tutoría, continúen siendo en el mundo social enemigos mortales de
prejuicios de toda clase, propendiendo a formarse convicciones razonadas,
propias, sobre todo lo que sea objeto del pensamiento.
13. El propósito culminante de la
Escuela Moderna es fomentar la evolución progresiva de la infancia evitando los
atavismos regresivos, que son como rémoras que opone el pasado a los avances
francos y decididos hacia el porvenir.
Wegrafía: http://www.uhu.es/cine.educacion/figuraspedagogia/0_ferrerguardia.htm#La_escuela_moderna_
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